07 octubre 2007

¿Dónde quedó el euskera?


“Nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado.” Louis McHenry Howe.

Qué difícil resulta frenar la carcajada estruendosa cuando nos llegan noticias de algunos de los últimos acontecimientos sucedidos en España, provocados por algunos de sus personajillos más “ilustres”. De modo que por aquello de que no se nos quede dibujada en nuestro rostro la sonrisa de la estupidez, cuanto menos, permítasenos dar rienda suelta a una sutil sonrisa de indulgencia.
Y ello, pese a que, como la gran mayoría de los sensatos de este país, había decidido, en espera de mejores tiempo, vacunarme contra las infecciones de flagrante inmoralidad en la que se ha convertido todo cuanto tocan, o pasa por, las manos y las mentes de ese inconcebible personaje llamado José Luis Rodríguez Zapatero y sus secuaces.
No voy a caer en el error de aburrirles con la interminable lista de desatinos que, en los algo más de tres años de desastrosa gestión gubernamental, ha creado tan “insigne personaje”. Entre otras razones por haber sido harto difundidas y repetidas por un sinfín de medios de comunicación.
Pero no deja de ser sorprendente que en este país de nuestros amores – y desventuras mil en estos momentos – aún se puedan dar situaciones que, constantemente y pese a haber despertado las conciencias de millones de españoles, continúen intentando pervertir la sociedad y, lo que es peor, tacharla de indigente mental.
La reciente escena teatral representada por el pnv - Partido Nacionalista Vasco – no tiene desperdicio. Como consecuencia de la desastrosa deriva del señor “presidente del gobierno español” en sus obscenas (y fracasadas) negociaciones con eta, se han producido en cadena una serie de acontecimientos alejados en grado sumo de las previsiones de algunos de sus protagonistas.
Ni el irrepetible Juan José Ibarreche/Ibarretxe - por cierto, sorprende que aún no haya euskaldunizado su nombre propio – ni el recientemente dimitido Josu Jon Imaz – este sí lo ha hecho por partida doble – esperaban que el estrepitoso fracaso de las, mal llamadas, negociaciones con eta, volvieran a colocarles, al uno, en la cresta de la ola y, al otro, lo enterrara entre la espuma y la arena, hasta hacerlo desaparecer.
Al primero, dándole la oportunidad de tomar una iniciativa a todas luces inconstitucional: plantear un referéndum, con fecha y hora, sobre la independencia/separatismo de la Comunidad Vasca. Al segundo, colocándole en una posición claramente incómoda al defender unos postulados – en el fondo los mismos – alejados en la forma y, principalmente, en el tiempo, con los de la mayoría de su propio partido –pnv- con el presidente de su comunidad, es decir, Ibarreche, a la cabeza.
El hecho es que ambos personajes, en una extraña carambola, se han visto forzados a replantearse nuevamente sus destinos y, yo diría que, incluso, sus posiciones políticas y sociales. Sobre el primero, Ibarreche, nada nuevo que descubrir que no sea la ratificación de su radicalidad: continúa cabalgando a lomos de su aberrante desvarío, inventándose una historia que nunca fue y un futuro de difícil previsión, pero siempre peligroso.
En cambio la situación del segundo resulta sumamente paradójica, casi divertida. Este personaje, al igual que todos los representados bajo las siglas del pnv, durante años ha mantenido duras posiciones frente a la españolidad de las provincias vascas, haciendo gala de un indiscutible y radical posicionamiento independentista. Para ello, utilizando cuantas “armas” encontró a manos: falseo de la historia; injustificados agravios comparativos con otras regiones españolas, y otras de igual o peor calado.
Pero por encima de cualquiera de estas y alguna más, el euskera – la lengua/idioma – prácticamente desaparecido como elemento de comunicación entre los vascos, e introducido con calzador en una incomprensible e intolerable “inmersión lingüística”, durante años ha sido utilizado como arma para aferrarse a unas autoconvicciones difícilmente justificables.
Y ahora es el momento en que, obligado a abandonar el cargo de presidente del pnv, el ínclito Josu Jon Imaz se ve en la disyuntiva de volver a organizar su vida, profesional – supongo que la personal igualmente – en base a todo aquello que durante años ha venido vilipendiando y atacando casi con desesperación: la lengua española.
Al parecer, por lo leído en los medios de comunicación, “nuestro” Josu Jon Imaz se trasladará a los Estados Unidos – no podían haberle elegido destino más lejano – para impartir clases, ignoro de qué, pero es de suponer que lo hará en la lengua de Shakespeare.
No me negarán que si finalmente fuera a desarrollar su trabajo en el idioma que tanto ha combatido y despreciado, que es lo que me temo, el castellano/español, todo resultaría, además de cómico, despreciable. Un auténtico sarcasmo y un claro ejemplo, dejando al margen el único objetivo claro de un político - el medrar donde sea y como sea – de la inmoral pasta que están hechos estos personajillos que beben en las fuentes de los nacionalismos.
Porque permítanme que dude seriamente de que el euskera le sirva para algo más que para ser tomado por un original personaje venido Dios sabe de qué latitudes lejanas, allá por la Patagonia.
Y es que la realidad de los hechos es inexorable a la hora de confirmarse una verdad, por mucho que esta se discuta, en aras de unos intereses partidistas y bastardos.
El acervo popular, sobrado en experiencias y generoso en expresiones ya lo recoge sabiamente: “quien al cielo escupe, en su cara repercute”.

Felipe Cantos.
Escritor.















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