01 enero 2006

La suerte de un buen comienzo: el respirar de un entusiasta agobiado.

Si, si, a ti, internauta que estás ahí escondido detrás de la pantalla. Desconocido y, confío, no por ello menos estimado visitante de este invento, el Internet, que a caballo entre la ciencia y la ficción, en franca colaboración con la técnica, pusieron en marcha “sabios” de las fuerzas armadas estadounidenses; Bill-genios de la informática y Gates-portentos de las finanzas para conseguir que otros Txema-genios de la creación tecnológica nos ofrezcan, como colaboradores o simple visitantes, la posibilidad de una comunicación, si bien parca en palabras, profunda en sus posibilidades.
Desde la creación de esta Web, de razonable utilidad para todo aquel que precisa una inyección de “moralina” tanto si acabas de aterrizar por estos pagos como si habita en ellos desde los tiempos de Carlos V, vengo reflexionando de que modo podría colaborar en la mejora, o cuando menos en el engordamiento, de un atractivo contenido, aportando mi humilde grano de arena. Ya sabéis aquello de “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”
Y héteme aquí que después de ver la imparable progresión de los portales tecnológicos -¿se dice así, verdad?- he decidido, con la venia de su comandante en jefe y factotum de la cosa, apuntarme a caballo ganador, aportando cada vez que sea posible textos cuyo contenido puedan recoger, sin partidismos ni sesgos innecesarios y siempre con el mejor humor posible, todas aquellas cosas, acontecimientos y circunstancias que cotidianamente nos afectan y preocupan. Por tanto, a partir de este momento y cada vez que me sea permitido, bajo el título de “El oficio de vivir” y un afectuoso ¡hola! trataré de acercarme a ustedes con textos que nos sensibilicen y afecten a nuestros cinco sentidos, en un intento de agudizar cada unos de ellos (oído, tacto, vista y, si somos capaces, olfato y gusto, que todo es posible con un texto bien escrito), hasta provocar sentimientos encontrados que vayan desde la más tierna sensación hasta la más escandalosa de las risas y, si es posible, provoquen un enriquecedor debate. Desde las sempiternas peleas generacionales – aunque nuestro oponente sólo tenga 18 meses -, pasando por los conflictos alimentarios; los académicos; las relaciones humanas, dentro y fuera de la familia; las luchas con la inoportuna y siempre injusta multa, hasta nuestras peleas con el mando del televisor; con los desconciertos provocados por los cambios hormonales y qué sé yo cuantas cosas más, interesantes de comentar cotidianamente y, siempre, siempre con el mejor humor posible. Aunque se trate de resolver la climatología bruselense, ¡qué ya es!
Les confieso que en un principio, y en contra del creador de este invento, mi primera intención fue la de dar forma a una “sobria y sesuda” columna de opinión política poniendo a parir, eso sí con justicia, a todo bicho viviente que pasara por allí, y lo mereciera. Pero creo que es más razonable buscar el equilibrado análisis de un buen consejo. Hay demasiadas cosas en este mundo que nos afectan diariamente y de cerca y que requieren en clave de humor un mínimo de reflexión. En cuanto a la política, y los políticos, basta con dar un vistazo a nuestro alrededor y optaremos, si no por echar a correr, pues probablemente no nos es posible, cuando menos por taparnos la nariz y confiar en que la tormenta pase cuanto antes. Es difícil, aún cerrando los ojos, no ver una podredumbre cuyos reflejos traspasan los párpados más resistentes.
De modo que, aún a riesgo de que en ocasiones nos delate el temperamento, optaremos por comentar la parte más humana e incluso lúdica de aquellos acontecimientos que nos afectan y conmueven diariamente. Aún así, trataremos de ser “políticamente correctos” y pasar soslayadamente junto a ellos con tacto y buen gusto y, en la medida de lo posible, sin profundizar en exceso, pero extrayendo de ellos la lectura más humana y sensible que seamos capaces. Después de todo son los sentimientos, más que los sentidos, los que consiguen movilizarnos para hacer que cada día de nuestra vida sea un poco mejor que el anterior.
Así que, hasta pronto.

Felipe Cantos, escritor.

No hay comentarios: